28 nov. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 12

Me acerqué con cautela, y sin hacer ningún ruido. Entré de repente en la habitación. Allí había tres personas; dos hombres y una mujer, armados y con la cara cubierta por un pasamontañas. En sus jerseys negros podía verse la marca de la rebelión. Rápidamente, me coloqué detrás del que estaba más cerca de la puerta, rodeé su cuello con un brazo y, tras desarmarle, apoyé el cañón del revólver en su sien.
-Bueno, no quiero ningún movimiento brusco o vuestro compañero pasará a mejor vida.
-¿Qué te hace pensar que nos importa que él muera? – contestó, impasible, la mujer – No sería un sacrificio en vano si con ello logramos capturarte, mala bestia.
-¡Oh!, está bien.  – resolví – Si no os importa… - apreté el cañón más fuerte – Creo que hay demasiados visitantes indeseados aquí.
Las armas de los otros dos rebeldes me apuntaban directamente, por lo que tras apretar el gatillo, solté el cuerpo del hombre y hui en dirección al salón. Allí, me oculté en el hueco tras el sillón y la puerta, donde esperé a que ellos salieran del dormitorio.
-No he oído la puerta – dijo el hombre – tiene que estar por aquí.
-Tienes razón – respondió su compañera – Tú mira en el salón, yo iré a ver en el baño.
Vi aparecer al hombre, que enseguida me dio la espalda para mirar detrás del sofá grande. Cogí el cojín del sillón y me acerqué a él. Lo coloqué sobre su boca y nariz y, con el revólver apuntando a su pecho, le hice caer sobre el sofá. Coloqué la rodilla sobre su estómago, guardé el revólver y extraje el puñal del tobillo. Se lo clavé en la garganta y el cojín se empapó de sangre.
Me incorporé con cuidado y me giré para ir a buscar a la mujer, pero ella estaba a mi espalda. Me golpeó en la cabeza con la culata de una pistola y caí al suelo. Se arrojó sobre mí y me quitó el arma. Me revolví y le golpeé la mandíbula con el puño. Ella escupió y, sacando una jeringuilla con un líquido transparente, se colocó a horcajadas sobre mí. Me sostuvo un brazo e inyectó el contenido de la jeringa. Sentí el líquido invadiendo mi sangre y aturdiéndome.

-No sé por qué, pero los de arriba te quieren viva. – escupió la rebelde con  odio – Pero realmente te mereces morir como un perro y sufriendo, como tus víctimas.

21 nov. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 11

Cuando volví a abrir los ojos, aún era de noche, aunque estaba amaneciendo. Miré el despertador, que Jacob acababa de apagar. Eran las 6 de la mañana. Le observé mientras se levantaba y se vestía con cuidado de no hacer ruido. Cuando salió del dormitorio, volví a cerrar los ojos.
Sentí sus labios en mi frente.
-Mmm… -  susurré adormilada.
- Me voy a trabajar, amor. Si acabo pronto lo que tengo entre manos, volveré antes de la hora de comer.
- De acuerdo… Te esperaré aquí. – respondí, besándole.
- Hasta luego.
Me encogí en la cama y volví a dormirme.
Cuando finalmente me levanté, eran las diez. Desayuné y acudí a la cita que tenía esa mañana. Mientras me tatuaban la rosa en el tobillo, recordaba la conversación que tuve con Jacob al despertar tras nuestra primera noche juntos: “Creo que te falta algo que indique tu sensibilidad y ternura”. Esas fueron sus palabras. Había decidido que tenía razón, aunque solo él lograba despertar esa parte de mí.
Antes de volver a casa de Jacob, pasé por mi piso. Los rebeldes no suelen atacar durante el día y, además, soy incapaz de vivir sin armas y no me atrevía a tomar prestada alguna de Jacob. Todo estaba igual que por la noche así que me dirigí al armario de mi dormitorio y abrí el doble fondo. Decidí coger un puñal corto que amarré al tobillo sin tatuar, un revólver que oculté en la cintura del pantalón y una daga curva que guardé en el forro de la cazadora de cuero. Aproveché para recoger algo de ropa, entre la que oculté el resto de mis armas.
Cuando llegué al apartamento de Jacob, la puerta no estaba cerrada con llave, como yo la había dejado. Supuse que él ya había vuelto de trabajar. Dejé la bolsa de viaje sobre el sofá.
- ¿Ya has acabado el trabajo? – pregunté en voz alta.

Al ver que no me contestaba comencé a sospechar que algo iba mal. Saqué el revólver y fui hacia la cocina, que estaba vacía. Desde la puerta atisbé una sombra en la puerta del dormitorio. No era Jacob, el intruso era más bajo que él.

13 nov. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 10

Al llegar a mi apartamento, nos encontramos que la puerta había sido forzada. En el interior, todo estaba destrozado.
- ¿Qué ha pasado aquí? ¿Habrá sido Julia? – supuse, conmocionada por la situación.
- No creo. Toma, cógela, por si acaso – dijo Jacob, tendiéndome una pistola y cogiendo él otra.
Avanzamos sigilosamente hacia el dormitorio. Lo que encontramos allí me hizo recordar aquella noche hace tres años en que encontré los cuerpos de mis padres. Tallado en el cabecero de la cama, que estaba destrozada, estaba el símbolo de los rebeldes. Las piernas me fallaron ante la avalancha de recuerdos y Jacob tuvo que sostenerme para que no me cayera.
- Vámonos de aquí – dijo arrastrándome tras él, con tono de enfado.
Llegamos a su piso y me desplomé en el sofá.
-¿Estás bien? – preguntó arrodillándose frente a mí.
- Sí, ha sido solo que un montón de recuerdos vinieron a mi mente. Recuerdos de mis padres muertos.
-Oh… No te preocupes, amor, no voy a dejar que te pongan la mano encima – prometió con fiereza.
Lo besé, con dulzura al principio, que se tornó en pasión. De pronto sus manos, que estaban sobre mis mejillas, se desplazaron hasta mi cintura, acercándome a él y profundizando el beso. Me levantó en sus brazos y me llevó al dormitorio. A los pies de la cama, me posó en el suelo y me desnudó, a la vez que yo hacía lo propio con él. Sus labios recorrieron con suavidad mis cicatrices. Me tendió sobre la cama y nos dejamos llevar.
En medio de la noche me despertaron los gritos que Jacob profería a mi lado y sus brazos que se apretaban más en torno a mí.
- ¡No!... ¡No podéis hacer eso!... ¡No os acerquéis a ella!... ¡Me importa una mierda la misión!
Con mucho esfuerzo, me revolví en sus brazos hasta quedar de frente a él y le sacudí.
- ¡Jacob! ¡Despierta, cariño! ¡Todo está bien! – traté de despertarle.
Finalmente, abrió los ojos con un respingo y me miró aturdido.
-¿Estás bien? – le pregunté, besándole los labios con cariño – Has tenido una pesadilla.
- Mmmh, sí, tranquila, amor. Soñaba que te perdía – me confesó mirándome a los ojos, azul y gris fundidos en una mirada.
- Pues no te preocupes, que eso no va a pasar nunca – susurré, acariciándole – No va a ser tan fácil librarse de mí.
- Eso espero… - musitó angustiado – Pero, bueno, sólo ha sido un mal sueño. Vamos a dormir. – trató de sonreírme, aunque sus ojos reflejaban una profunda preocupación.
- Vale – cedí – pero que sepas que te quiero y que me van atener que arrancar por la fuerza de tu lado.
- Yo también te quiero – dijo y, con urgencia, añadió – Pase lo que pase, jamás dudes de mi amor por ti, es de lo único de lo que me siento orgulloso en esta vida.

Tras esto, lo besé, me acurruqué entre sus brazos y volví a dormirme.

5 nov. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 9

A media tarde, Jacob volvió al hospital. Cuando llegó, yo ya había dejado de llorar, pero seguía pensativa.
-Hola, amor – saludó con una sonrisa, besándome en la frente - ¿Qué tal vas?
-Hola – traté de sonreírle – Tienes mejor aspecto.
-No puedo decir lo mismo. ¿Has estado llorando? – inquirió al observarme más detenidamente. Aparté la mirada, pero me agarró suavemente la barbilla y me obligó a mirarle - ¿Qué ha pasado? – siguió, preocupado.
-Jones vino a verme, – contesté – con malas noticias.
-¿Qué? – me urgió.
-Pues… estoy despedida – sentí las lágrimas otra vez en mis ojos – Por mi actitud irresponsable e impulsiva y… por amenazar a una compañera.
-¿Qué compañera? – preguntó con suspicacia.
-¿Tú que crees? – dije con sarcasmo – Amenazó con delatarnos. Estaba celosa porque está enamorada de ti, como la mitad de la oficina. Te dije que nos iba a joder.
Su cara se tornó en una mueca de rabia e ira. Cuando empecé a sollozar, me abrazó tratando de tranquilizarme.
-¿Qué voy a hacer ahora? – me lamenté, dando rienda suelta a mis miedos.
-Shh, tranquila, yo estoy contigo – susurró en mi oído – Encontraremos una solución a todo esto.
Dos días después, me dieron el alta y Jacob me acompañó de vuelta a casa. Todo estaba igual que lo dejé. Todavía estaba algo depresiva. Me senté con cuidado en el sofá, pero aún así el dolor de los cortes de mi pecho me hizo hacer una mueca. Jacob se sentó a mi lado.
-¿Quieres que me quede? – preguntó rodeando mis hombros con uno de sus brazos.
-Por favor… No quiero estar sola – Murmuré mirándolo a los ojos.
Sus labios rozaron suavemente los míos y logró tranquilizarme.
Tras un mes, mis heridas habían curado y Jacob aún vivía en mi casa.
Salimos a cenar para celebrar mi recuperación. Nos sentamos uno enfrente de otro, estábamos cenando y hablando, cuando Jacob fijó su mirada en algo detrás de mí. De repente, se levantó con una expresión gélida en el rostro y se acercó a la persona que estaba a mi espalda. Me giré y allí estaba Julia, Jacob le estaba diciendo algo, claramente enfadado a juzgar por su tono, mientras ella me observaba. Me levanté y fui hacia ella.
-¿Qué, puta? No me hace falta ir a buscarte que ya vienes tú – espeté con frialdad- Te dije que no te fueras de la lengua – solté, acercándome a ella, con el cuchillo que había cogido de la mesa en la mano. Lo deslicé bajo su falda y susurré – No te puedo dejar a mi chico, pero si lo que quieres es un polvo, te puedo meter esto por el coño.
-Amor, relájate – me interrumpió Jacob, besando mi cuello – Déjamelo a mí. Mira, Julia, vas a pedir disculpas a Amanda y vas a ir a ver a Jones para explicarle que fuiste tú la que amenazaste primero a mi novia –dijo suavemente – Si tratas de jugárnosla, voy a ser yo el que te mate, pero primero verás morir a tu familia. – se volvió hacia mi- Vamos, Amanda.
-Claro. Hasta otra, cariño – susurré burlona a Julia, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas.
-Me las vais a pagar- amenazó.
-No lo creo. – respondí, mientras me abrazaba a la cintura de Jacob y volvíamos a la mesa.