29 jul. 2012

La cazadora cazada - Capítulo 1

Mi madre, Amy, era una de las jefas de la Guardia del Sistema en el Sector 2 de la ciudad, el más cercano a la Casa Gris. Esta es la residencia oficial y el centro de operaciones de la Comisión de Gobierno que encabezaba el Sistema, la forma de gobierno instaurada en la ciudad tras la llegada al poder de un grupo de científicos. Pero esto fue antes de que yo naciera.
Mi padre, Robert, fue uno de los médicos que luchaban por el avance científico al servicio del Sistema, que justificaba la experimentación con humanos, en su mayoría, rebeldes.
Recuerdo como si fuera ayer el día en que llegué a casa tras mi entrenamiento para entrar en la Guardia y me encontré todas las luces de la casa apagadas. Era muy extraño que mis padres aún no hubieran llegado. Cuando encendí la luz de la sala de estar, todo estaba revuelto. Saqué la navaja que guardaba en mi mochila y, sigilosamente, avancé por la casa en dirección a la cocina, que presentaba el mismo aspecto de siempre, al igual que el baño y mi dormitorio. Al alcanzar el cuarto de mis padres, los encontré tendidos sobre la cama. Al acercarme, pude ver que estaban muertos y, sobre la frente de ambos, aparecía un símbolo, el de los rebeldes. La ira me invadió y en ese momento decidí vengarles. Tenía 17 años.
Llamé a los compañeros de mi madre, que tras analizar los cadáveres, dictaminaron la muerte por envenenamiento. 
David Jones, el jefe de la Guardia del Sistema, se ocupó de mí a partir de entonces y, al cumplir los 18 años, ingresé como miembro activo de la Guardia.
Pronto, por mi tesón y mi frialdad en los casos de problemas callejeros, entré en la Unidad de Asalto, que se ocupa de los rebeldes.
Mi primera misión fue el asesinato de un periodista que llevaba la publicación oficial de la rebelión. No recuerdo su nombre, pero sí que era un mujeriego que frecuentaba un tugurio en el Sector más sucio de la ciudad. La noche en que lo maté, me senté a su lado en ese lugar y lo seduje, lo que no me fue difícil con una simple minifalda y una camiseta escotada. Logré que me llevara a su casa y allí, tras tumbarlo sobre la cama, a horcajadas sobre él, lo degollé. No me tembló el pulso en ningún momento, como no lo hizo en sucesivas ocasiones.

Bueno, pues aquí está el primer capítulo. Espero que os haya gustado!!

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