3 dic. 2012

Kyrie


Los copos de nieve caían suavemente quedándose acumulados en el alfeizar de la ventana. En la calle grupos de gente que cantaba villancicos paseaban de puerta en puerta impregnando del espíritu navideño a todas aquellas personas que tenían tiempo para escucharles.  Kyrie veía como esa gente reía, era feliz. Ella no. Hacía poco que había terminado con su anterior pareja y la vida no la estaba sonriendo. Delante del fuego de la chimenea recordaba todos sus buenos momentos: como caminaban agarrados de la mano mientras se contaban las vivencias del día, como el uno acababa las frases del otro debido a todo lo que se conocían,...  Al girar la mirada vio como en la oscuridad de la noche una luminosa estrella fugaz surcaba el cielo; fue entonces cuando pidió el deseo que tanto anhelaba, conocer por fin a una persona que la quisiera tanto como ella podía llegar a quererle, una persona que la amase por encima de todas las cosas. Aunque en el fondo sabía que eso era imposible, ¿o tal vez no?
A la mañana siguiente
La nieve había cuajado con rapidez después de toda una noche nevando. Kyrie se levantó con rapidez con la ilusión de un niño pequeño por ver los regalos de Navidad. Debajo del árbol un pequeño paquete con su nombre aguardaba. Al abrirlo vio lo que era, un conjunto de gorro y bufanda para el frío. Nada del otro mundo, lo típico que los padres regalaban a sus hijos cuando no los conocían o creían conocerlos, como siempre no lo suficiente. Tras una ducha de agua caliente y horas delante del armario para saber que ponerse, salió a la calle con la actitud de alguien que se quiere comer el mundo. Ese era su día, el día de Navidad, el mejor día del año.
Al llegar al parque en el que tantos días había pasado acurrucada con Garet vio a una pareja de ancianos dando de comer a las palomas. Se les veía tan felices juntos, tan... No tenía palabras para describirlo. Continuó su camino hasta la tienda de regalos más próxima. Al entrar vio un gran tumulto de personas que hacían las últimas compras de Navidad. Los rezagados a los que la fecha se les había echado encima. Una vez en la sección de mujer, empezaría con su madre, intentó escoger algo a lo que ella le gustara. Tras miles de camisas, pantalones y vestidos encontró lo que sin duda a su madre le iba a encantar, un abrigo de piel blanco y negro con los botones dorados. Extendió la mano para cogerlo, con la mala suerte de que alguien al igual que ella había hecho el mismo gesto. Se giraron los dos a la vez mirándose a los ojos. Notaron un brillo en ellos, un brillo como el de los enamorados, a pesar de ser dos auténticos desconocidos. Dándose media vuelta Kyrie cambió de sección para continuar con las compras. Él mientras tanto la seguía. En cada esquina que ella giraba, ahí estaba él para verla entre las estanterías. Saliendo ya de la tienda con un par de zapatos que la habían gustado, pero que no eran ninguna maravilla, volvió a encontrarse con el mismo chico.
- Esto me lo voy a tomar como acoso- le dijo ella. Desde lo de Garet había perdido toda sensibilidad con el género masculino.
- Perdona si te ha molestado lo del abrigo, pero ahora no puedo hacer nada para no encontrarte, vivimos en la misma calle.
- ¿En la misma calle? Si fueras mi vecino te recordaría.
- Me acabo de mudar hace tan solo dos días con mi padre. Mi madre se ha quedado en Portland con mi hermana pequeña. Por cierto, me llamo Josh, encantado de conocerte. ¿Y tú eres...?
- Kyrie, me llamo Kyrie.
- Que nombre más bonito. ¿Viene de algo en especial o...?- le preguntó él.
- De Dios, mis padres son muy religiosos.
Rápido se acabó el tema de conversación entre ellos, así que volviéndose a ignorar pusieron rumbo a sus respectivas casas. Al llegar a la de él se despidieron con los típicos besos en las mejillas y la felicitación navideña de rigor, sin saber que sus vidas se iba a volver a encontrar de forma fortuita tarde o temprano.
Una semana después
La fecha de fin de año se acercaba. Los adornos navideños aún seguían en las calles, aunque algunos de estos habían sido cambiados por los del año nuevo. Un año nuevo, un amor nuevo decía siempre la madre de Kyrie. Ésta quería que eso se cumpliera, pero veía que el día se acercaba y ese novio con el que tanto soñaba seguía siendo eso, solo un sueño; un bonito sueño.
Salió a la calle recordando aquel encuentro en Navidad con el hijo de los vecinos. No lo había vuelto a ver por los alrededores. Parecía que el chico había desaparecido de la faz de la tierra. Al girar la esquina chocó con alguien. Era él.
- Ho... Hola- le dijo Kyrie.
- Buenos días Kyrie. ¿A dónde ibas tan rápido que ni si quiera me has visto?
- Pe... Perdona... iba... pensando en mis cosas. Siento si te he hecho daño.
En ese momento Josh comenzó a reírse.
- ¿Se puede saber qué narices te pasa? Ya te he pedido disculpas- le contestó ésta de mala manera.
- Kyrie, era una broma. Perdóname ahora tú a mí.
Un silencio incómodo se apoderó de ambos, a la par que bajaban la cabeza mirando al suelo.
- Bueno... adios. Tengo que acabar de comprar las cosas para la cena de año nuevo con el vecindario. Imagino que tu padre y tú iréis.
- Por supuesto, no me la perdería por nada del mundo- contestó él.
De la misma se despidieron, sin saber que en lo que continuaban su camino se llevaban mutuamente en la cabeza y en el corazón.
Día de año nuevo
Kyrie llevaba pensando que ponerse todo el día. Había revuelto el armario de su hermana, el de su madre y el de la tía que vivía con ellos, nada la servía, nada la gustaba. Quería ponerse algo especial, en parte para impresionar a Josh, ya que las dos veces que se habían cruzado en las últimas semanas no se habría llevado una buena impresión de ella, con sus típicas sudaderas y vaqueros. Esa noche quería brillar como aquella estrella a la que pidió el deseo. Alguien debió de escuchar sus plegarias, ya que el bajar a abrir la puerta tras oír el timbre, descubrió un gran paquete blanco con una nota, "Esta noche brillarás". Nadie la había firmado, por lo que pensó en que sería una sorpresa de sus padres, que habían hecho la broma para que esta quedara impresionada. Al llegar de nuevo a su habitación y abrirlo se quedó maravillada. Un precioso vestido negro, largo con lentejuelas la esperaba dentro. Con mucho cuidado como si una muñeca de porcelana se tratase lo sacó y se lo probó delante del espejo de cuerpo entero de la esquina. La quedaba como un guante y además, era precioso. Sin duda esa noche se lo pondría.
Tras muchas horas de maquillaje y alisado Kyrie estaba lista. Había tomado prestados a su hermana los zapatos de su última fiesta de instituto. Esta preciosa. Su pelo quedaba suelto en bucles a su espalda, haciéndola parecer una princesa. Bajó las escaleras para dar la bienvenida a los vecinos cuando justo entraba él, Josh. El traje le quedaba genial, le hacía parecer más mayor de lo que seguramente era. Alzaron ambos la mirada, el mismo brillo de aquel día en la tienda invadía sus ojos.
- Estás... no tengo palabras. Veo que mi regalo te sienta bien- le susurró Josh cuando ésta llegó a la entrada.
- ¿Tu regalo? Oh por Dios, entonces no puedo aceptarlo. A penas nos conocemos- le contestó Kyrie a medida que se iba sonrojando.
- Entonces, conozcámonos mejor.
Tomándola del brazo, la acercó al comedor, donde todo el mundo se giró para observarlos. Hacían una pareja maravillosa. Josh la ayudó a tomar asiento, sentándose él a su lado. Pasaron la noche hablando, conociéndose como se habían prometido. Al llegar las doce de la noche, a la luz de las velas de la mesa Kyrie pidió otro deseo, algo distinto al anterior, poder conseguir a Josh, aquel vecino tan increíble que tenía, y como la vez anterior su deseo pronto se cumplió. Tras las campanadas de medianoche y las felicitaciones de año nuevo Kyrie y Josh continuaron hablando, cada vez más cerca el uno del otro. Hacían bromas que solo ellos por su edad entendían, se contaban intimidades que nadie más sabía. Tras un mal chiste de él y las risas de ella, se acercaron despacio, con timidez, hasta fundir sus labios en un cálido beso. Tras unos poco minutos, ambos se separaron deseando que el tiempo entre ellos se congelara para poder continuar de la misma manera, disfrutando cada roce.
De forma apresurada para que nadie los viera subieron las escaleras a la habitación de Kyrie. Una vez dentro Josh comenzó a desabrocharla el vestido de forma lenta y besando cada parte de cuerpo que la bajada de la cremallera le dejaba visible. Al llegar a la altura de la cadera ésta se giró para ayudarle a él también a desvestirse. La corbata roja, la camisa y la chaqueta pronto desaparecieron entre sus manos. Los pantalones y zapatos no tardaron mucho en caer al suelo también. Con ayuda de él Kirye acabó de desprenderse de la prenda mientras lo besaba con dulzura, con ternura, y con alegría. Pronto ambos desaparecieron entre las sábanas, en un mundo que nada ni nadie podría corromper.
Un año después
En el fuego de la chimenea Kyrie recordaba los buenos momentos junto a Josh. Ya había pasado un año desde que se conocieran en Navidad de aquella forma tan extraña. Su vida había dado un giro inesperado con la llegada de aquel chico. Cada día una nueva sorpresa en sus manos, cada día una nueva alegría. No podía creer que aquella estrella le concediera su deseo, así que cuando volvió a ver la nueva estela que surcaba la noche volvió a plantear otro; pasar junto a Josh el resto de su vida.


Aquí os traigo otro relato corto chicos, aunque éste de una temática más romántica. Espero que os guste^^

1 comentario:

  1. Me tienes mal acostumbrada, estaba leyendo mientras pensaba todo el rato "Ni sexo ni nada subido de tono? Esto no es de Lily"... hasta que llegué a la última parte XD

    A ver si sigues con Inmersa en las Tinieblas y veo algo tuyo que no sea ni erótico ni pasteloso, que no es que no me guste, pero ya sabes cómo soy XD

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