14 dic. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 14

-Mis padres murieron en uno de los laboratorios del Sistema cuando yo tenía diez años y mi abuela me crio. En mi familia eran rebeldes y a mí me entrenaron para infiltrarme en la Guardia del Sistema y actuar desde dentro. Pasaba información a los líderes sobre quiénes estaban en la Unidad de Asalto y quiénes eran las próximas víctimas. La noche que nos enviaron a por Sutter, le llamé al móvil y, como no contestaba, fui a tu casa. Por eso te encontré.
-Pero, ¿y tus víctimas? – pregunté confundida.
-La única rebelde a la que he matado es a la que tú viste morir. El resto simplemente se han ocultado aquí desde que supieron que iban tras ellos – Se detuvo como si dudaras si seguir hablándome de ello o no – Julia también es una de los nuestros. Inicialmente, nuestro objetivo era Jones, pero cuando Julia nos pilló… ya sabes… Se lo contó a los jefes. Ellos decidieron ir a por ti, cambiar temporalmente el objetivo, para que no me distrajera de la misión inicial. Por eso discutíamos el otro día en el restaurante.
-¿Por qué coño no me lo has dicho antes? – pregunté encolerizada.
-¿Y qué habrías hecho? ¿Matarme? – sonrió con amargura – Además, solo habría conseguido acelerar esto y, tal vez, sin juicio. La muerte de Sutter fue la gota que colmó el vaso.
-¡Ah, que no merecía morir! – estallé- Mira, entiendo que odies el Sistema y todo lo que lo representa, pero yo tenía los mismos motivos para matar a ese cabrón que tú para matar a los míos. Y sabes que fue uno de vuestros asesinatos lo que me llevó a estar donde estoy y a hacer lo que he hecho.
-Lo sé, Amanda, pero ellos no lo van a ver así de entrada. Quizá si en el juicio les cuentas lo que me contaste a mí de tus dudas antes de que murieran tus padres…
-¿Si se lo cuento, qué? – sollocé – Todo este juicio no es más que un show para tenerte contento, par que creas que tienen en cuenta lo que tú sientes y no te largues y les dejes tirados. Porque no creo que Julia valga nada como espía. Jacob, yo ya estoy muerta, desde que la zorra esa me dejó inconsciente en tu casa. No te engañes.
Observé su expresión derrotada mientras decía esto. Parecía realmente angustiado, un niño al que plantean un problema demasiado complicado. Me dolía verle así, a pesar de todo.
-Tienes que intentarlo, por favor – susurró – No te rindas. Eres lo único que vale la pena en mi vida, no puedo perderte así.

Me abrazó y sentí sus lágrimas en la fina tela de mi camisa, a la vez que las mías mojaban su pelo.

6 dic. 2013

La Cazadora Cazada - Capítulo 13

Cuando abrí los ojos, sentía una pesadez terrible en todos los músculos de mi cuerpo, además de un dolor de cabeza terrible; parecía la versión más fuerte de una resaca. Intenté mover los brazos para despejarme, pero los tenía atados a la espalda. No sabía dónde estaba. Me incorporé, apoyándome en la pared y miré a mi alrededor. Estaba en una celda fría y con goteras. Sólo había un camastro de hierro con un colchón ajado y sin sábanas y un viejo retrete. Recordé lo ocurrido en el piso de Jacob.
Estaba en el cuartel general de los rebeldes, que habían conseguido mantener oculto a la Guardia hasta el momento.
Los rebeldes nunca toman rehenes, matan directamente a los partidarios del Sistema. La mujer que me capturó dijo que los de arriba me querían viva, pero ¿para qué? Tenía que salir de allí, pero no había ventanas. Mientras pensaba cómo huir, llegó una mujer mayor, con el pelo canoso recogido en una coleta y unos ojos grises que hicieron que algo se revolviera en mí.
-Hola, Amanda – dijo con tranquilidad - ¿Quieres agua?
Asentí, mirando aquellos ojos y ella me acercó un vaso a la boca.
-Me llamo Kerrianne. ¿Sabes dónde estás? – negué con la cabeza – Vale, estás en nuestro cuartel general, la antigua prisión militar del sector 9.- Ese lugar había sido abandonado muchos años atrás, después de que el virus con el que estaban trabajando y experimentando unos científicos se les fuera de las manos. – Vas a ser sometida a un juicio. Ten en cuenta que eres la primera partidaria del Sistema a la que se va a juzgar.
-¿A qué debo el honor? – pregunté con sarcasmo.
-Porque es la única forma de mantener a mi nieto a nuestro lado. – la miré sin comprender y ella me sonrió – Venga, vamos a lavarte la sangre y a vestirte para comenzar el juicio.
Dicho esto, cogió una esponja y, con suavidad, me limpió la herida de la frente. Siguió quitándome la camiseta y los vaqueros para continuar lavándome.
-No sé por qué estropeáis vuestros cuerpos con tantos tatuajes – comentó para sí misma.
Me vistió con una falda marrón que me llegaba a las rodillas y una blusa que alguna vez fue blanca. La anciana me estaba recogiendo el pelo en una coleta cuando Jacob entró en la celda. Lo miré con sorpresa y entonces lo entendí todo. Kerrianne había dicho que yo estaba allí por su nieto y tenía los mismos ojos que Jacob. Él me había traicionado, la única persona en la que había confiado en años y el único hombre al que había amado.
Él llevaba unos vaqueros gastados, una camiseta negra y el pelo alborotado. Estaba pálido y con ojeras.
- Abuela, tengo que hablar con Amanda, ¿puedes dejarnos solos?
-Claro, cielo – dijo levantándose y dándole un beso en la mejilla al salir.
Se hizo el silencio entre nosotros. Él me miraba fijamente, como intentando decidir qué palabras usar, y yo trataba de aguantar las lágrimas de dolor e ira sin mirarle. Finalmente, se acercó y se sentó en el suelo a mi lado.
-Amanda, amor… - empezó en voz baja – Siento que tengas que estar aquí, todo esto es por mi culpa.
-Así que todo lo que has estado conmigo era para al final traicionarme ¿no? Eres un hijo de puta. Lo que no entiendo es por qué no me dejaste morir la noche que acabé con Sutter, habría sido más fácil. Por lo menos habría muerto sin odiarte…
-Por favor, amor…
-¡No me llames amor! – grité - ¡Me has arrastrado a la muerte!

-¡Amanda! – repitió, sosteniéndome la cara entre sus manos mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – Al principio sí era así, pero no ahora. Todo lo que te he dicho, que te quiero, que estoy contigo, es real. Quería dejar la misión, pero no me lo permitieron. Me prometieron que no iban a ir a por ti ayer, por eso te dejé sola. Perdóname.